LA ESCLAVA NUEVA (DE VERDE)

Deportes de la Antigua Grecia en la trilogía de Diomedes

LA ESCLAVA NUEVA (DE VERDE)

Entrevista a Polimnia, la esclava macedonia de La daga de zafiro.

Ya sacamos a la luz la transcripción de uno de los documentos hallados en el archivo del Janículo, levemente formateado para adaptarlo al esquema moderno de entrevista; sin más alteración que la actualización de unos cuantos términos y el uso de la persona de respeto al que estamos acostumbrados en dicho género. Entre los restantes documentos puede merecer la atención de quienes hayan leído “La daga de zafiro” o experimenten cierta curiosidad por leerla el juego de preguntas y respuestas dirigido a Polimnia, la esclava macedonia adquirida por el exquiriente Diomedes en Atenas – en realidad por su hermano Memnón, extralimitando los poderes conferidos-, sin cuya perseverancia el enigma del tribuno muerto sobre la nieve habría sido mucho mas difícil de dilucidar. Éste sería el traslado anunciado:

– Cuando los romanos se la llevaron de su pueblo ¿pudo pensar que acabaría dedicada a un trabajo tan singular como el de ayudante de exquiriente?.

– En realidad no me considero tal cosa. Me interesa dejarlo claro para no generar recelos a Baiasca. Simplemente en Atenas los acontecimientos rodaron de tal manera que me vi metida en todos los líos; aunque reconozco que me parecieron tan emocionantes que seguí adelante por todos ellos.

– Lo que le valió, entre otras singularidades, conocer el reino de los muertos, ser perseguida por un tribuno legionario sin ninguna ropa y nadar varias horas en la tinaja de un lechero.

– Al margen de que no vuelva a probar la leche en mi vida, lo segundo fue lo que mas miedo me dio.

– ¿Y el reino de los muertos?.

– Lo siento pero no puedo quebrantar el secreto. En cuanto a lo que discurría al salir del pueblo, obviamente nadie prevé que le vaya a suceder todo eso.

Lo único que pensaba cuando me llevaron a vender era en escaparme.

– Se diría que luego se le pasó esa idea.

– Es que el trabajo con Diomedes me gusta más que lo que se puede hacer en un pueblo macedonio.

– Todas esas experiencias y alguna más tuvieron un denominador común: usted volvió sin su túnica verde.

– Sólo me la quité cuando no tuve mas remedio. Y siempre conservé las prendas de abajo.

– ¿Cuestión de educación macedonia?

– Mas bien cuestión de decencia y de suerte que no me hizo falta quitarlas.

– Una cuestión comprometida: ¿Diomedes o Memnón?

– Diomedes. Resulta bastante más de fiar.

– Y no le regala pulseras espantosas.

– Fea sí que era pero conste que agradecí el detalle.

– Memnón no leerá estas líneas: ¿la conserva?.

– Sí. Otra cosa es que no me la ponga demasiado.

– Tengo entendido que va camino de Roma.

– Legalmente me toca ir donde quiera Diomedes.

– Aparte de eso ¿le apetece?

– Me apetecen mas casos de exquiriente, y tengo entendido que en Roma es donde se encuentran los peores criminales y los mayores enigmas.

– Obviamente junto a los mayores peligros…

– Eso supone mayores emociones. Tenga en cuenta que sé la fecha de mi muerte.

– Entre los riesgos principales, pueden contarse los celos que por lo visto despierta usted en Baisca.

– Creo que no son celos por mi persona. Más bien es que le recuerdo que hacía ella antes  y creo que lo echa de menos.

– Por competir con usted llegó a disfrazarse de bacante y circular por Atenas vestida con pámpanos…

– Ahora ya sabe lo que sentía yo cada vez que perdía la túnica verde.

– Aunque se le haya apagado el anhelo de fugarse, ¿piensa usted en la manumisión, como hacía Baisca antes de conseguirla, o le resulta indiferente en estos momentos?

Con un amo como Diomedes no encuentro gran diferencia con ser libre.

– Mientras trate con mujeres de buen ver, ni siquiera llega a ser consciente de que es el amo.

– En realidad es así con todas las mujeres y lo encuentro uno de sus encantos.

– ¿Habrá algún día exquirientes femeninas?

– Yo creo que a estas alturas Baiasca puede considerarse exquiriente a todos los efectos. Otra cosa es que trabaje en equipo.

– Y usted, dando por supuesta la manumisión, ¿se ve como exquiriente en el futuro?

– Con experiencia acumulada y un equipo como el que tiene Diomedes ¿por qué no?.

– Una última cuestión: si la dejasen competir con las mujeres libres y con un poco de entrenamiento, ¿ganaría una palma en la carrera de los Juegos Hereos?

– No lo descartaría siempre que me persiguiese el poeta anacreóntico de los granos.

Joaquín Borrell

lynx@librosjoaquinborrell.com
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